Kader Attia. Cortesía del artista. Foto: Sam Mertens | El artista francoargelino Kader Attia, Premio Joan Miró 2017

Creación

El artista francoargelino Kader Attia, Premio Joan Miró 2017

 

El artista francés de origen argelino Kader Attia (Dugny, 1970) es el ganador del VI Premio Joan Miró, que organizan conjuntamente cada dos años la Fundació Joan Miró y la Obra Social "la Caixa", de Barcelona, siendo una de las distinciones de arte contemporáneo más prestigiosas y mejor dotadas del mundo.

El jurado ha valorado la amplitud de su investigación artística -que se caracteriza por sus obras de reflexión sobre las consecuencias del colonialismo-, su exhaustiva elaboración del concepto de reparación y el compromiso apasionado con su tiempo. La Obra Social "la Caixa" se hace cargo de la dotación de 70.000 Euros del premio y de la producción de la exposición monográfica que Kader Attia protagonizará en 2018 en la Fundació Joan Miró.

El jurado ha estado formado por: Iwona Blazwick, directora de la Whitechapel Gallery (Londres); Magnus af Petersens, director del Bonniers Konsthall (Estocolmo); Alfred Pacquement, exdirector del Centre Georges Pompidou (París); Nimfa Bisbe, jefa de las colecciones de arte de la Fundación Bancaria "la Caixa", y Rosa Maria Malet, la saliente directora de la Fundació Joan Miró (Barcelona), quien será sustituida por recientemente normbrado Marko Daniel.

Los miembros del jurado han seleccionado al ganador, por unanimidad, apreciando su innovación y libertad creativa, valores que también caracterizaron la obra de Joan Miró. Concretamente, en su declaración destaca: "El compromiso apasionado de Attia con su tiempo y con el destino compartido de la humanidad tiene vínculos estrechos con la participación de Joan Miró en los episodios críticos que marcaron a su generación. El posicionamiento singular de Attia respecto a las relaciones complejas y a menudo traumáticas entre las culturas humanas resuena igualmente en las aspiraciones universales de Miró".

Kader Attia se une al danés Olafur Eliasson, la suiza Pipilotti Rist, la libanesa de origen palestino Mona Hatoum, la estadounidense Roni Horn y el español Ignasi Aballí, los otros cinco artistas que completan el palmarés de este prestigioso galardón.

Dado el difícil momento que atraviesan las relaciones entre España y Cataluña, parecía casi imposible no pensar, que, a Kader Attia, uno de los artistas más incisivos y comprometidos de su generación y quien, además, mantiene un relación especial con Barcelona, ciudad en la vivió durante dos años y donde estudió en la Escola Massana, no se le preguntara sobre la cuestión de la Declaración Unilateral de Independencia del gobierno autonómico catalán.

El artista se ha limitado a argumentar que el diálogo es básico y ha apuntado que el arte tiene la fuerza metafísica, casi psicoanalista, para crear acuerdos, y que sería positivo usarlo.

Según Attia, quien pasó su infancia a caballo entre la Argelia de sus padres y los suburbios de su París natal: "la reparación y la hibridación son el terreno en el que muchas culturas empiezan a recuperar su libertad".

Y sabe, muy bien, de lo que habla, ya que desde muy joven, aún como artista en formación, tomó contacto con diferentes culturas viviendo en latitudes distantes: en la República Democrática del Congo, donde tuvo su primera exposición individual, en 1996; en Venezuela, en Mali, Argel, Berlín o Barcelona.

Actualmente, divide su tiempo entre sus talleres de Berlín y Argel y está profundamente comprometido con la programación de La Colonie, un espacio de intercambio cultural y artístico en París.

Esta vivencia de la multiculturalidad, esencial en su propia identidad, se ha convertido en el fundamento de una práctica artística dinámica que reflexiona sobre la estética y la ética de diferentes culturas.

Partiendo de la práctica escultórica, a lo largo de su trayectoria ha desarrollado una producción artística multidisciplinar que comprende una extensa gama de técnicas, materiales, escalas y símbolos. Su obra fotográfica y sus películas, particularmente abocadas al detalle, capturan el "ruido silencioso", en palabras de Attia, que surge de la historia de la colonización. El artista utiliza también la instalación de factura minimalista para recrear espacios que cuestionan al espectador con relación a sus fantasías y fobias.

No en vano Attia apunta: "En mi práctica artística la forma es tan importante como el concepto, ya que describe la presencia fundamental del espacio dentro de este diálogo inseparable que mantiene con el tiempo. El lazo que liga estos estados paradójicos podría ser una reparación".

Su obra se ha expuesto en las principales instituciones internacionales de arte contemporáneo: Centre Pompidou (París); Museum of Modern Art (MoMA) y Solomon R. Guggenheim Museum (Nueva York); Tate Modern (Londres); Whitechapel Gallery (Londres); Museum of Contemporary Art Australia (Sídney); KW Institute for Contemporary Art, Berlín; o el Museum für Moderne Kunst, Fráncfort, entre otras.

También ha sido incluida en múltiples bienales, como la de El Cairo, la de Marrakech, la documenta de Kassel o la Bienal de Venecia. Ha sido galardonado con el Premio Bienal de la Bienal de El Cairo en 2008, el Premio de Arte Abraaj Capital en 2010 y el Premio Marcel Duchamp en 2016. Su trabajo aparece en numerosas colecciones en todo el mundo y está representado por: Galerie Nagel Draxler, Berlín y Colonia; Lehmann Maupin, Nueva York y Hong Kong; Galerie Krinzinger, Viena, y Galleria Continua, San Gimignano, Pekín, Les Moulins y La Habana.

En estos momentos su obra se puede ver en la gran muestra de la 57ª Bienal de Venecia "Viva Arte Viva" y en la también colectiva "Immigrancy: Dignity has no nationality" en la Samsøn Gallery (Boston) junto a otros artistas de reconocido prestigio internacional e igual compromiso político como Ai Weiwei, Anicka Yi, Ashley Bickerton, Carlos Jiménez Cahua, Carlos Martiel Delgado Sainz, Gabriel Martinez, Gabriel Orozco, Jimmie Durham, Regina José Galindo y Tania Bruguera.


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