Pedro Maruna. Limitaciones 10, IV,  1986. Aguafuerte, aguatinta y carborundum – Cortesía de la Galería Taller Gravura

Pedro Maruna. Grabados

  • Pedro y su obra El día en que Marian me pidió que escribiera sobre mi experiencia con la obra de Pedro después de su fallecimiento, le puse mil excusas para no hacerlo. Finalmente lo acepté. Para que sea más fácil comprender por qué tomé esa decisión, creo que debería detenerme un poco en algunos momentos de nuestra vida juntos, que duró cuarenta y cinco años. Nos conocimos en un Instituto de Málaga donde empecé a trabajar en 1969 como profesora de inglés; él era el profesor de dibujo. Así nos unió el destino. Sabía que casarse con un artista podría ser complicado, pero también una experiencia interesante, y no me equivoqué. Me gustaba hacer una pausa a media tarde, llevarle un café al estudio y observarlo mientras trabajaba escuchando música clásica. Recuerdo con especial emoción verlo sacar del tórculo grabados perfectos cuya belleza me conmovía. Hasta que consideró que ya había dicho con el grabado todo lo que tenía que decir y volvió a pintar en 1995, con bastante entusiasmo, grandes cuadros surgidos de su memoria: las nasas que su abuelo echaba al mar cuando iban a pescar al atardecer y recogían al amanecer. Estos y otros temas rescatados de su memoria lo transportaban a su país y aliviaban su nostalgia. Pintaba con la convicción de que en unos años estaría preparado para exponer en Croacia. Trabajó casi durante quince años con ese objetivo, al mismo tiempo que iba destruyendo toda su obra pictórica de años anteriores, a pesar de mi desacuerdo. Tenía una habilidad especial para contarme sus cuentos, los de su propia vida. Creo que el primero fue el de la vaquita enana que vivía con ellos en la casa, salía a pastar por la mañana y regresaba al atardecer, pero un día no volvió. El padre salió a buscarla con su escopeta al amanecer y, después de mucho llamarla sin resultado, la encontró junto a una gran roca temblando de miedo porque retenía, ensartado en sus cuernos, un lobo que apretaba fuertemente contra la piedra. Y, entre cuento y cuento, pasó la vida sin que nos diéramos cuenta. Finalmente, su deseo se hizo realidad y la exposición de pintura se inauguró en Zagreb (Croacia) el día 17 de junio de 2016 en la Galería Moderna Josip Racic. Ya estaba muy enfermo y no pudimos asistir. Falleció el 23 de agosto de 2016, pero me quedó su recuerdo, sus cuentos y su obra. Dos meses después, cuando me recuperé un poco y tuve fuerzas para entrar en su estudio, me quedé aturdida viendo la cantidad de obra gráfica acumulada, inmersa en un cierto desorden. Pero decidí empezar a trabajar utilizando mi intuición. Lo primero que tuve que hacer fue fotografiar todos los grabados, unos ciento treinta, la mayoría hechos con dos planchas. A continuación, buscar las planchas que correspondían a cada uno de los grabados; empaquetarlas y pegarles una fotografía del grabado al que correspondían para poder identificarlas más rápidamente. La mayoría de los grabados no habían sido nunca expuestos. Yo sentía necesidad de divulgar su obra, me parecía que tenía la obligación de hacerlo, sencillamente porque no sólo la calidad de la obra lo merecía, sino él mismo, que había dedicado los mejores años de su vida a realizarla: técnicamente tan complicada y tan bella. Y con todas estas reflexiones en mi mente y unos cuantos grabados en un canuto, me presenté en la Galería Gravura de Málaga, donde Pedro había expuesto en 1994, para que vieran algunos de sus últimos grabados, con la esperanza de que les gustaran y tuvieran la amabilidad de buscarle un hueco para una exposición. Así sucedió y ya estamos trabajando para que el deseo se haga realidad. En 2017, entre los meses de junio y julio, tuvo lugar la tercera exposición de Pedro en Croacia, en la ciudad de Zadar, capital de la provincia donde nació, ciudad bellísima que siempre le recordaba a Cádiz por su casco histórico en una península, rodeada por una muralla y el mar. Era la primera exposición de Pedro a la que yo asistía en Croacia. La exposición tuvo lugar en un edificio del siglo XV, antigua sede del Parlamento de la ciudad, recientemente restaurado y convertido en Pabellón de Arte. Es un espacio enorme con una gran cúpula y una iluminación perfecta, ubicada en el centro de la ciudad. Se expusieron veinte pinturas acrílicas, la mayoría de tamaño grande y doce obras más entre dibujos y grabados. La inauguración resultó muy emotiva por la participación de un grupo de alumnas de la Facultad de Filología Románica, que acompañadas de mandolinas, tuvieron el detalle de cantar unos preciosos boleros en español. Aparte de las organizadoras de la exposición, también yo tuve que decir unas palabras en croata a los asistentes sobre Pedro y su obra. Después de la exposición, doné, en nombre de Pedro, dos de los mejores cuadros que pintó, a dos importantes museos que los habían solicitado: el Museo Nacional de Zadar y el Museo Palacio Eltz de Vucovar. Pedro pintó estos dos cuadros por el impacto emocional que le provocó una fotografía publicada en la portada de El País durante la guerra de Croacia: un periodista camina por un maizal de Vucovar llevando, con sus brazos en cruz, en cada mano, un niño muerto cogido por los pies. Este cuadro está expuesto en el altar de la capilla del museo por su tema y dramatismo. Y para concluir, no puedo decir que mi experiencia con la obra de Pedro en Croacia haya terminado. Todavía tengo que preparar y enviar toda la documentación de que dispongo, además de escribir su biografía para la monografía que se le va a hacer en su país. Marisa Meseguer

  • Horario

    11.00 A 14.00 Y 17.30 A 20.30
  • Dónde

    Galería Taller Gravura / Málaga, España
  • Inauguración

    18 may de 2018  /  20:00

  • Artistas que participan en Pedro Maruna. Grabados



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