New York Inside

  • Entidades Organizadoras

    Sala de exposiciones Mare Nostrum
  • La exposición transportará al visitante a la ciudad de Nueva York a través de una serie de fotografías en blanco y negro tomadas por Mariano Pozo, artista con más de 34 años de profesión a sus espaldas, que recoge en esta muestra su visión más personal e íntima de una ciudad a la que idolatra. New York Inside Apenas una pulsión, un movimiento oscilante del dedo índice y una circunstancia pasa aconvertirse en leyenda. Pero… ¿Es eso sólo? ¿Es la vida que se reduce a un instante que se salvaguarda del tiempo y del espacio? ¿O más, mucho más? ¿Cuánto oculta de verdad una fotografía si ya no tiene con ese tiempo compromiso? ¿Qué veracidad implica al lugar el ser descontextualizado? Tras la circunstancia la vida y el propio instante, existe una armonía que ha habituado al ojo conseguidor, depredador de la belleza o del inusual paréntesis; a ese cuadrante ritual que ofrece comprensión y permanencia; al oficio ditirámbico de la imagen sin el éxtasis de las palabras que se unen al cómputo imperecedero con rostro y escenario. El paisaje vertical de la urbe se transforma en metáfora, linealidad y servidumbre transeúnte, y el paisanaje -actor involuntario- descripción de una realidad que no verá el paso monótono de las agujas del reloj. Y así, suavemente, Nueva York es Nueva York y ciudad y acopio de la historia pertinaz de un segundo en la retina, y toda una eternidad literaria abierta a la interpretación a pesar de su fijeza. Van los pasos de Mariano -insistente recopilador- por delante, mientras su ojo aventurero escruta y dobla las esquinas que hacen acopio de urbe procelosa en la Quinta Avenida (o cualquier otro lugar) para darse un verde respiro en Central Park; y ese paisaje y paisanaje marcan ritmo de celeridad con la quintaesencia de un blues que se ha convertido en rap minimalista. Ciudadanía pasajera con abrigo urbanita; carteristas entrajetados, prostitutas en el salón de las sorpresas, taxistas amarillentos de lo inesperado, floristas con parquímetro de temporada, posaderas de bancada con ojo observador y mundo y calle y estrés y el sonido variopinto de la Torre de Babel: Nueva York tintinea mientras el ojo del fotógrafo se aplica al asfalto, al paso y su latido. Porque Mariano es el último ʻrinoceronte blancoʼ que sobrevive capturando las almas que los indios rescataron del más allá; extrayéndolas de un sístole que no quiso convertirse en diástole para convivir en el álbum que el fotógrafo guarda bajo la almohada. Él lo sabe y lo alimenta. Se anima capturando leyendas mientras el gentío, quizás ajeno, se deja robar una milésima de segundo por su cámara que es ya dedo, mano, ojo y pensamiento. Nueva York, es la síntesis de una plaza con rostro entretenido o mohín transigente o un soplo de saxo que se acomoda en la retina. Desde las pesquisas inmediatas pero rutilantes de la actualidad, de su aquí y ahora nervioso que sucumbe en lo informativo, del salto del atleta que acompaña -tras la mano y la muñeca- al balón que va a ser encestado o al palo que golpea una pelota, hay una cota de necesidad que se establece en cada mirada: la de estar sin estar intuyendo que lo instantáneo es un robado perdurable, trabajo que gestiona cierta inmortalidad que le ofrece el objetivo, que ya no es una parte de la cámara sino su propia retina. Una novia se dibuja bajo la mordida manzana del futuro y el relax de Midtown da cabida, poco después, a un hecho gimnástico en Lower Manhattan (que mira de soslayo al One World Trade Center) mientras el loco Matthew Silver hace suya la ironía de la ciudad. En la 16th Street and Prospect Park West, en Brooklynn, Paul Auster rueda permanentemente ʻSmokeʼ mientras en Union Square lo inimaginable hace acto de presencia. Sí, es posible que sea Nueva York la que cuelga en estas paredes, nadie dice lo contrario, pero también son las pulsiones de una realidad que el hombre de la cámara ha sustraído para colocarlas en la hornacina, con su vicio de recolector enamorado. Pasen y vean y abran los ojos; los personajes pululan por los pliegues de la memoria colectiva tendiendo trampas a la privada; las imágenes son tiempo rescatado que precisa de intermediarios para liberarlas de una calle neoyorquina que se encuentra justo tras la espalda. Javier Cuenca

  • Horario

    De martes a sábado de 10.30 a 13.30 y de 17.00 a 20.00 horas. Domingo de 10.30 a 13.30 horas.
  • Dónde

    Sala de exposiciones Mare Nostrum / Rincón de la Victoria, Málaga, España
  • Inauguración

    20 oct de 2017  /  20:30

  • Artistas que participan en New York Inside



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