Grafía y música en el siglo XX

Grafía y música en el siglo XX

  • Entidades Organizadoras

    Ayuntamiento de Madrid
  • Exposición comisariada por Aitor Merino Martínez en la Biblioteca Víctor Espinós-Conde Duque de Madrid. Tras siglos de transmisión oral, la complejidad que alcanzó la música occidental hizo necesaria su plasmación escrita para facilitar su memorización e interpretación. Asistimos entonces a un perfeccionamiento en la notación musical en busca de una sistematización generalizada: los inicios de la notación neumática, variantes como la escritura aquitana… hasta llegar en el siglo XVII a la actual notación occidental (denominada por Jacques Chailley como notación “ortocrónica”). En ella cada figura no designa ya un valor relativo, si no una altura y duración fija, enclavada en un pentagrama. Este desarrollo de la escritura musical dependerá directamente no sólo de los soportes disponibles (lo que explica el paso de la escritura sobre pergamino a la escritura sobre papel y más recientemente a la cinta magnetofónica o soporte digital), sino también de las técnicas de impresión existentes y las necesidades expresivas de los compositores. A pesar de que los autores impresionistas y expresionistas introdujeron en su música rupturas con el sistema tonal heredado, la notación se mantuvo intacta. No obstante, cuando el artista futurista italiano Luigi Russolo construyó sus Intonarumori (grandes cajas de madera con dispositivos mecánicos y eléctricos en su interior que producían ruidos con una finalidad musical), necesitó utilizar una nueva grafía para plasmar visualmente aquellos sonidos. En su escritura mantiene intacto el pentagrama, pero introduce líneas-sonido que indican si la melodía debía ascender, descender o mantenerse estática. Esta nueva grafía musical, necesaria para los compositores que en el siglo XX buscaban nuevas sonoridades en sus obras, convirtió las partituras en grandes enigmas a descifrar por parte de unos intérpretes acostumbrados a la grafía tradicional. Estos compositores acompañaron sus partituras de textos introductorios en los que explicaban lo que querían expresar con esos nuevos signos. Algunas de estas indicaciones eran utilizadas para liberar a la música de la tonalidad tradicional, como las utilizadas por los compositores microtonales para dividir la escala en sonidos más pequeños que el semitono, mientras que otras trataban de obtener nuevos timbres en los instrumentos tradicionales. Por esta razón, aparecieron de manera progresiva numerosos manuales de notación y artículos especializados en los que se recogían las nuevas indicaciones utilizadas por muchos de estos compositores. Tanto en los ejemplos nacionales como internacionales expuestos observamos un gran despliegue de nuevas simbologías. Partituras enigmáticas indescifrables sin la explicación técnica del compositor. Partituras repletas de símbolos hasta entonces nunca vistos. Partituras en las que se suprime todo lo innecesario, dejando huecos vacíos donde antes había compases de espera con silencios. Partituras electrónicas en las que no existen pentagramas ni figuras musicales, sustituidos por bloques, líneas o colores que aluden a los parámetros del sonido (duración, timbre, altura e intensidad). Indicaciones repartidas por la hoja que pueden interpretarse ordenadas de múltiples maneras introduciendo la aleatoriedad en la interpretación musical. Numerosas indicaciones extremadamente precisas o totalmente azarosas que aportan a las partituras musicales un rico valor estético.

  • Horario

    De lunes a viernes de 8:30 a 21 horas
  • Dónde

    Biblioteca Musical Víctor Espinós / Madrid, España
  • Inauguración

    12 sep de 2017  /  16:30

  • Artistas que participan en Grafía y música en el siglo XX


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